Published On: Jue, Sep 17th, 2015

Juan Barros, el vecino molesto del barrio.

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Tedeum: Acción de gracias. ( La Biblia enseña que si tienes un problema con tu hermano antes de entregar una ofrenda reconcíliate y después presenta tu ofrenda ).

Desde el inicio de la crisis producida en la ciudad de Osorno por la designación del Obispo Juan Barros en nuestra ciudad hemos mantenido una prudente distancia de este conflicto. Esta distancia radica en nuestra relativa cercanía personal con el protestantismo y la Biblia como dogma de fe lo que podría desvirtuar cualquiera de nuestros intentos de argumentación para tratar de mediar en un conflicto institucional y político interno de quienes adhieren al catolicismo y sus autoridades.

A la luz de las ultima informaciones conocidas el tema deja de ser un tema netamente católico, espiritual o dogmatico para convertirse también en un tema político, social y humano. Si usted me pregunta que debiera hacer un católico en desacuerdo frente a esta eventualidad mi respuesta seria fácil, directa y dura : Busque a Dios y deje de creerle a los hombres, sus edificios y sus políticas non sancta. Prefiera ser cristiano y no católico que son dos cosas muy distintas. Claro que una respuesta de esta naturaleza nos enfrentaría en una larga discusión sin resultado edificante ni para mí, ni para usted; menos aun si usted es firme partidario de la institucionalidad católica tal cual se la han planteado, tal cual Usted la ha aceptado. Complementariamente evitamos con prudencia referirnos a la iglesia, la esposa de Cristo, pues en ninguna sociedad humana resulta sano, correcto y/o aceptable hablar mal de la esposa de nadie. Sea esta legitima o no.

Sin embargo la actitud del obispo Juan Barros y su porfía de dirigir el Tedeum en Osorno adoptando una serie de medidas ya anunciadas por los medios de comunicación no contribuyen bajo ningún punto de vista a apaciguar la molestia e indignación de un importante sector de nuestra sociedad. Desde un principio se ve afectado un grupo importante, que minoritario o no, ven ofendida su fe, su confianza y su militancia católica. Existe un segundo grupo afectado por esta decisión obispal y que está compuesto por quienes no comparten ninguna fe o pertenecen a otras distintas al protestantismo o catolicismo. Y existe un Tercer grupo, también afectado, compuesto por la institucionalidad política y administrativa de la provincia. También se ve afectado el publico que alejado de la observancia rigurosa de los temas de fe son y quieren ser parte de las tradiciones patrias que conmemoramos cada año por esta fecha.

La instalación de medidas de seguridad, traducidas en esas barreras papales, a fin de contener las posibles manifestaciones el día del Tedeum  hoy impide el simple ejercicio de desplazarse hacia plaza de armas: «¿Qué culpa tengo yo de los problemas de Barros para quedar atrapado a este lado de la plaza de armas «, nos señalo un cliente de uno de los bancos situados a un costado de la catedral. «¿Qué culpa tengo yo de ver empañada un ceremonia cívico militar que como nunca antes se verá empañada con los gritos y consignas de «Fuera Barros» cuando solo quiero ver marchar y desfilar?, comenta molesto un padre, una esposa, o un hijo de integrante de las Fuerzas Armadas . «¿Qué culpa tengo yo como autoridad civil de cumplir con mi deber y obligación de asistir a una de las tradiciones más antiguas de la nación chilena y quedar atrapado en medio de un conflicto que el estado chileno no ha generado? comenta una autoridad en ejercicio. ¿Por qué debo auto marginarme de este glorioso momento patrio», comenta otra autoridad que simpatiza con la mayoría disconforme. ¿Que culpa tenemos nosotros de pertenecer a una instrucción castrense que se prepara todo el año para realizar una impecable presentación que se verá finalmente empañada si o si por el Caso Barros?. ¿Qué culpa tengo yo de buscar a Dios sinceramente y con corazón dispuesto y verme involucrado sin querer en una confrontación de dos grupos antagónicos por la porfía de uno en oposición a muchos?, plantea una mujer.

Son las nuevas víctimas del Obispo Barros las que se lamentan. Ninguna institucionalidad publica tiene la fuerza o el poder para solicitarle a Barros, representante del Estado Vaticano, que asuma la decisión de marginarse del Tedeum. Tal decisión radica en su sola potestad.

«Por sus frutos los conoceréis». Amargos son los frutos que testimonia el Obispo Barros. No trae consuelo. No trae paz, No trae convivencia. No trae respeto por las instituciones castrense ni menos para las autoridades políticas locales. No demuestra respeto ni por el Estado Chileno ni por la Nación Chilena. Ni siquiera evidencia lealtad a la institución a la que sirvió por largos años como Obispo castrense obteniendo todos los beneficios sin retribución en esta hora en que se hubiese requerido un gesto de buena voluntad. Es en definitiva como ese  vecino molesto del barrio que inoportuna a todos.

Barros es sabedor y conocedor de lo que representa el Homenaje Cívico a las Glorias del Ejercito, a pesar de ello ha decidió, hasta ahora al menos, desoír y mantener en la angustia y amarga expectación a toda una ciudadanía y a toda una comunidad. Los hechos de connotación negativas a los que expondrá con su sola actitud a la Ciudad de Osorno seguramente serán noticia nacional y tal vez internacional.

Este Obispo de Osorno logrará lo impensable: empañar una ceremonia cívico militar de una forma que ni siquiera ocurrió en los momentos más duros de la lucha contra el Gobierno o Dictadura Militar. Pues hasta la oposición mas dura entendía que quienes marchan son hijos e hijas de esta patria y representan a un pueblo entero.

Aun así no logra convencerlo ni las encuestas, ni la opinión pública, ni los sacerdotes de Osorno, ni los feligreses, ni la misericordia, ni el buen juicio, ni la prudencia, ni el amor al prójimo.

Desde este punto de vista que fácil es comenzar a entender ese grito simple, ciudadano, sencillo de #FueraBarros que choca día a día con una pared dura y que rebota en un edificio de cemento en donde seguramente Dios llora amargamente por la dureza de un corazón que se olvido de la oveja perniquebrada, la desvalida, la descarriada; esas ovejas a las que sacrifica con este acto sin remordimiento ni culpa alguna y luego vende mientras exclama erróneamente en su interior : «Bendito sea Jehová, porque he enriquecido»… ni sus pastor tiene piedad de ellas.

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Juan Barros, el vecino molesto del barrio.