Published On: Vie, Jul 31st, 2015

Un chileno cualquiera…

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A un mes de nuestra nueva iniciativa radial “un chileno cualquiera” un programa que pretende rescatar lo positivo de nuestra gente y con ya 5 entrevistados podemos decir que hay tres conceptos que los une y une a muchos de los chilenos ; soñar esforzarse y ser persistente .

Imaginar y soñar es muy importante, porque cuando lo hacemos vivimos el momento, ocurra o no. Lo vivimos como si fuese verdad. Por eso estoy convencido de que cuando soñamos e imaginamos, necesitamos pensar en cosas verdaderamente productivas y beneficiosas, ya que así todo nuestro entusiasmo se activa y nuestra mente, como también el cuerpo, reacciona a esos pensamientos como si fuesen verdaderos.

Auto-proponerse metas es importante, pero tener un enfoque claro nos permite tener una panorámica de todo nuestro entorno y así utilizar cada circunstancia (dificultades y/o tropiezos) de la vida que nos permiten llegar a esas metas propuestas.

Ahora en este punto debo detenerme y compartir palabras de un psicólogo amigo,

Alex Oyarzun:

“Para tener un propósito y meta clara primero hay que despejar el camino de obstáculos innecesarios como son los condicionamientos sociales. Si para alguien su meta es casarse, hay que examinar interiormente si esa necesidad viene dada desde la familia, la pareja, o incluso la TV, porque puede que muchas de las cosas que nos planteamos en la vida estén contaminadas por las creencias sociales. Ahora tampoco queremos caer en la persecución eterna, el clásico ratón persiguiendo el queso en la rueda de una jaula, no se da cuenta que está en ella, se transforma en ciego y no ve a su alrededor, solo ve el queso, ósea el objetivo”.

También soñamos con el éxito y creo que lo soñamos con regularidad. Hay quien estudia y sueña con graduarse un día. Quien está enamorado de su pareja, sueña con formar una familia. Quien está frente a la posibilidad de firmar un contrato o cerrar una negociación, sueña con lograrla. Todos los días, los seres humanos estamos soñando en pequeño y en grande y en algunos casos con situaciones no convenientes para nosotros mismos ni para los demás. Este es el gran problema del hombre y sus sueños. ¿En cuáles de ellos debe poner toda su energía?

Para responder a esta interrogante se debe tener claro que tanto meta como propósito nacen desde el interior, el cuerpo entero vibra cuando uno reconoce que el propósito es una necesidad del alma.

En uno de esos artículos típicos de esas universidades de nombres “raros” señalan que tenemos aproximadamente sesenta mil pensamientos por día. ¡Es increíble la cantidad de pensamientos que se pueden pasear por nuestra mente! Cada uno de ellos genera en nosotros una reacción positiva o negativa. La mayoría de esos pensamientos pudieran estar dedicados a un sueño en particular que deseamos convertir en realidad.

Por lo general las personas pensamos y meditamos en el mismo sueño muchas veces, lo ubicamos en diferentes etapas nuestra la vida o en un tiempo determinado. El punto es que el sueño en sí mismo no se hace realidad fácilmente, en distintos casos los seres humanos solo se quedan en eso, en simples sueños. Pero en algunos casos esos sueños se transforman en esfuerzos canalizados y motivados por energías de superación.

Por eso es necesario desarrollar la visión para incorporarla al sueño. La visión consiste en ver por encima de las circunstancias presentes, extendiendo la mirada al futuro, imaginando las acciones que la misma persona u otras podrán realizar, para convertir los sueños en realidad. La visión motiva a actuar de modo constante para que el sueño se logre. Pero, requerimos de otra palabra que juega un papel estelar, una palabra que hace que la visión no se empañe, de manera que no se pierdan ni las fuerzas, ni la paciencia.

Esa palabra es enfoque, un concepto indispensable para mantener la claridad en la acción que busca la realización del sueño. La realidad es que muchas metas en la vida sufren cambios, se retrasan o sencillamente no llegan al resultado esperado. Por tanto, lo conveniente es no establecer metas aisladas para lograr el éxito en relación a un sueño que se puede hacer o no realidad.

Lo primordial es descubrir nuestro propósito en la vida para diseñar las metas, entendiendo los cambios y aceptándolos, de manera que no solo las persigamos sino que cumplamos con dicho propósito.

Es así como dentro del propósito de vida podemos contemplar muchos sueños con múltiples metas, con la certeza de que si estas no se hacen realidad, tengamos siempre la opción de replantearlas dentro del contexto general, sin sufrir como cuando no conocemos nuestra misión. El propósito de la vida es la misión vital que traemos a este mundo, la cual nos enseña quiénes somos y por qué estamos aquí. Podríamos decir que es el plan diseñado por Dios para cada uno de los seres humanos.

La diferencia entre tener metas o tener un propósito de vida es que este último te permite lograr el enfoque necesario para seguir adelante, aun cuando las metas sufran cambios o desaparezcan del mapa de tu vida. Con el uso del enfoque definimos con claridad las metas a alcanzar, sin perder de vista la misión de vida, logrando una ejecución más afinada para descubrir la verdad y la utilidad del objetivo planteado.

Como ejemplo de lo anteriormente dicho, podemos decir que un médico reconoce que su propósito de vida es sanar, no necesariamente convertirse en el mejor médico de su país ni en el más reconocido en el plano científico, aunque lógicamente puedan ser parte de sus metas. Aun cuando estas no se hagan realidad, la persona no sufrirá; por el contrario, podrá observar que posiblemente sus metas sean objeto de grandes cambios, los cuales se convertirán en sus mejores aliados, sin perder el enfoque en el propósito de vida.

Si te enfocas bien, estarás preparado para la batalla de cada día, logrando una ejecución más nítida. Y aunque las metas sufran cambios imprevistos, no te afectarán de manera determinante; por el contrario, estarás listo para entenderlos de manera positiva. Así comprenderás que las crisis representan oportunidades para tomar nuevas decisiones. Por lo tanto, vas a disfrutar y vivir cada minuto de manera diferente, brindándole a cada etapa de tu vida el valor que mereces.

No dejes de soñar y de imaginar, pero ante todo no dejes de perseverar en tu misión de vida, y por supuesto sin dejar de disfrutar del presente. Piensa que solo si tú quieres ese sueño se hará realidad.

Leonardo Cisterna Guarda

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