Published On: Dom, May 17th, 2015

Editorial : Los hijos de la Democracia

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«El que esté libre de pecado que tire la primera piedra», señala el escritor bíblico. Si la frase hubiese sido pronunciada en este tiempo y bajo el actual estado moral de la sociedad esa mujer , a la que alude la Biblia, hubiese sido masacrada a piedrazos, desmembrada y su restos exhibido en las principales plazas públicas a falta de facebook o redes sociales y mas encima lo hubiesen llamado justicia.

Siendo objetivos que difícil resulta tratar de analizar la terrible, dramática y brutal muerte de dos jóvenes hermosos, opinantes, combativos. Y debiera ser igual de difícil condenar a un joven furibundo, ignorante y violento resultante de la misma sociedad que luego de formarlo y alentarlo lo crucifica sin asco alguno. Vivimos un tiempo de moral compleja exaltado por la incontinencia verbal , el doble estándar , la apatía , la irracionalidad, el desamor y la verborrea de voces ignorantes que buscan erigirse como representantes de una moral relativa e ignorante que por sí sola se vuelve corrupta.

¿Habrá reparado alguien que tanto el hechor como las víctimas de este violento asesinato son hijos nacidos en democracia?.

Una democracia enferma nacida a su vez del revanchismo más que de la lógica de la libertad y el amor a la vida y cuya principal característica ha sido la exacerbación del derecho y la minimización del deber. ¿quién nos mintió de tal forma de hacernos creer que el DEBER era cosa de milicos y el DERECHO cosa del pueblo?

Los supuestos conductores y paladines de la democracia y de la libertad siguen responsabilizando a Pinochet, su Constitución, su Modelo económico sin reparar en la responsabilidad de los que recibieron los dineros de la dictadura a través de Soquimich y que escondidos al interior de la Concertación en los últimos 25 años han profitado y burlado a este pueblo que gusta por si solo de mantenerse en la ignorancia. Ahora resulta que nadie sabía.

Pero que el mal llamado pueblo no se tenga tampoco por inocente puesto que con liviandad responsabiliza a otros mientras asume por costumbre mirar para otro lado para despotrincar después los consabido «se los dije» o «lo sabía». Es válido preguntarnos ¿ Dónde está el mea culpa? ¿ Donde está el reconocimiento que como sociedad hemos fallado? ¿ Donde está el reconocimiento que la transición no ha terminado? Que el control de las masas se ejerce bajo la lógica del odio y del resentimiento. ¿ Donde están los pregoneros de la cultura de la vida, del respeto, de la sana convivencia, la tolerancia y la democracia? .

La propiedad privada no puede valer más que la vida de los jóvenes, fue la primera consigna. Había que utilizar la muerte como bandera de lucha política. Que moral tan repulsiva, cuestionable y odiosa. Lucrando con la muerte en todo momento en esa forma de negocio que intenta validar que los apadrinamientos político dan mayor valor a la vida de unos mas que de otros. Se instalado y acepto esta relatividad en el valor de la vida traspasando la frontera política para llegar incluso a lo social.

Debiera resultar inaceptable por ejemplo que Santiago Cheuqueman Casas de 8 años y Denins del Rio Nactoch de 15 años tengas vidas cuyo valor sea menor al de Jorge Matute Jhons. Y nadie dice nada

Lo mismo que Jecar Neghme y Simón Yevenes. Que Lushinger Mackay y los mapuches asesinados. Y peor aun las matanzas políticas de antaño valen más que las 38 personas que murieron solo en Osorno por problemas derivados de la contaminación este el ultimo año. Y tampoco nadie dice nada.

Si . Es verdad. La cultura de la muerte fue instalada por Pinochet, pero que bien es administrada en tiempos de democracia. No existe conciencia de presente. Eludimos nuestras responsabilidades mirando y exacerbando mejor el pasado. Del presente somos todos responsables es mejor mirar para otro lado.

Para las miles de víctimas inocentes del presente desvinculadas del quehacer político no habrán martirologios, tampoco velatones, ni marchas, claro, esas vidas son de segunda categoría y nadie pereciera impórtale.

Cierto. Es triste. Es lamentable. Dos vidas se han apagado y una tercera se ha destruido para siempre. Los hijos de la democracia mataron y murieron por las consignas incuestionables, irresponsables enseñadas por sus padres y alentadas desde la política, desde la sociedad y desde las instituciones que siguen enseñando que importa más lo MIO que lo TUYO, y ambas cosas más que lo NUESTRO.

Lamentablemente así no se construye un Chile mejor.

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Claudio Ojeda – Editor Semanario Local –  Semanariolocal@gmail.com – Fono 8 776 2086

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